El príncipe debió recibir su propio premio

D. Felipe ha dado una magistral clase de lectura interpretada en el teatro Campoamor. Que se estrenara con los teleprompters puede haber sido una noticia menor e intrascendente, interesante quizás sólo para los expertos en comunicación y para algún que otro frikki de la cosa; pero que el príncipe haya superado a Obama en la utilización de estas pantallitas, debería ser un notición para cualquier comunicador.

Pero no sólo eso.

Si además el prompter de marras dejó de funcionar, como creo que ocurrió allá por el minuto 17 del discurso, justo cuando terminaba su dedicatoria a Olazábal …y nadie percibió que el príncipe continuó la lectura durante unos 5 minutos sobre el papel (o lo que quiera que fuese lo que tenía sobre el atril) y no desde esos vidrios transparentes.. es para quitarse el sombrero y entonar un enorme Olé. Porque pasado ese anónimo trance, el titular de los premios volvió, como quien no quiere la cosa, a leer en los cristalitos. Sin perder un ápice de compostura, como si todo hubiese estado planeado así.

Pero me resultaría desconcertante pensar que sólo el panegírico a la ONCE estuviese sobre el atril, y todo lo demás se leyese en el teleprompter, ¿no creen?

Genial previsión de quien lo preparó: disponer de una redundancia de soportes prompter-atril. Espectacular – por la natural y absolutamente desapercibida- maniobra del Príncipe, que pasó de uno a otro medio sin inmutarse.

Si esto ha ocurrido realmente así, no me inclino sólo por respeto a la monarquía. Me inclino ante la maestría del entrenador y del entrenado.

Sumémosle a este hecho singular el elegante movimiento de brazos, el coherente fruncimiento de frente y los cambios de expresión, la correcta direccionalidad en la mirada y en el saludo a las personas que aludía. Sutiles cambios de velocidad y ritmos, que daban sentido a las sentencias. Y esas pausas, tan necesarias en cualquier discurso, corto o largo, pero tan bien puestas que no parecían necesarias para respirar, sino para enfatizar y cambiar de tercio.

Olé. Qué pedazo de lección magistral de lectura de un discurso.

Gracias, Don Felipe.

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