¿ Harto de presentaciones ?

En serio, ¿no estás harto de presentaciones? -malas, se entiende...-

Hablo, en general, de las presentaciones a las que nos someten diariamente compañeros de trabajo, jefes y directivos, conferenciantes, gurús, profesores, coachs, asesores, consultores y expertos…

Falta frescura, innovación y atrevimiento. Sobra formalidad, densidad de información y tiempo. Falta humor. Faltan objetivos. Sobra monotonía. Sobra Powerpoint.

¿Es que no lo ves? Nueve de cada diez presentaciones no se hacen… ¡se perpetran! Y producen decenas, cientos de damnificados a ambos lados de la sala. Sufren daños tanto el que presenta como quienes le atienden. Gracias a Dios, son daños reversibles.

Esta mediocridad pseudo-profesional me inspira unas reflexiones:

1) ¡Despertemos! Estamos desaprovechando una de las herramientas más poderosas de la empresa y la estamos convirtiendo en un bodrio vestido de mal necesario.

2) Una presentación está destinada a obrar un cambio en quien la presencia. Si por sus efectos se midieran, más nos valdría enviar esa información por escrito y ahorrarnos el sufrimiento de presentarla…y ahorrarles esa mortificación también a quienes las ven y las escuchan.

3) Hay que despertar conciencias. Estimular el espíritu crítico, condición necesaria –pero no suficiente- para mejorar. No nos conformemos con la mediocridad y con la rutina, con el siempre se ha hecho así. Exijamos un cambio. Empezando por los mandos de las empresas y escalando hasta cualquier departamento. Sin olvidarnos de nosotros mismos.

4) Cambiemos nuestra mentalidad como audiencia y cambiaremos nuestra actitud como presentadores. No felicitemos a quien no lo haga con solvencia; démosle con respeto nuestra verdadera opinión, comparando sus capacidades innatas con su potencial latente. Seamos justos y seremos eficaces. Aprendamos a observar y apliquémonos el cuento.

Conclusión: Es sólo cuestión de fe y de voluntad. De querer cambiar las cosas. Como en casi todo.

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