Presentaciones JJOO 2020 ¿Estaba vendido el pescado?

No nos engañemos: Ana Botella no tiene la culpa de que Madrid no sea la ciudad olímpica en 2020.

Lo admito, me he reído con los chistes y chascarrillos que se han hecho a su costa, vale. Pero no me reí con su presentación. Sufrí mucho con ella. Hace falta valor –quizás aderezado con inconsciencia- para plantarse ante un escenario mundial y hablar de esa manera. Hace falta valor para enfrentarse a su propia memoria después de muchos ensayos (supongo) y soltar ese discurso. Hace falta valor para no pronunciar bien el nombre de tu propia ciudad y amputarle, una y otra vez, la d final…y dejarla en un desdibujo de sí misma…Madrí. O, no quiero pensarlo, hay que ser muy soberbio para pensar que seré mejor que los demás.

Madrid –terminado en d- no se la jugaba en Buenos Aires, no lo creo. Porque si así hubiese sido, habría pasado a la final. ¿Creen que las presentaciones de los japoneses fueron mejores que las de los españoles? En absoluto. Los de Tokio también hablaron un inglés macarrónico -¡todos!-, mezclado incluso con salutaciones en francés (¡!). Y, para el gusto occidental, son demasiado inexpresivos, aunque se esforzaran por sonreír e incluso por casi llorar. Ahora que caigo, parece que estoy hablando de Mariano Rajoy… ¿será japonés?

Personalmente creo que la batalla por 2020 se perdió antes, en el planteamiento. Ir de derrota en derrota hasta la victoria final (¿Churchill dixit?) no debe haber sido una buena estrategia. Claro que, a toro pasado, todos somos Manolete. No cuando las derrotas anteriores estaban tan frescas. No cuando se ha seguido incurriendo en los mismos errores. No cuando se habla de 2020 como si la crisis actual fuera a llegar hasta ahí… (¡Qué angustia, Dios mío!)

No se equivocó Ana sola. Ella solita no pudo preparar un discurso que debía estar probado, oído, leído y consensuado. Se equivocaron también quienes lo permitieron. Ana no acertó con el estilo, más apropiado para un receptor adolescente que sueña con ir de juerga y disfrutar en la capital de España, un público no especializado y gozón. Y eso que Ana se esforzó, ¿no lo vieron?: gesticuló, hizo inflexiones y pausas, sonrió, miró…apenas era ella. Pero, lástima, se esforzó en la dirección contraria.

Fíjense, por ejemplo, en Mariano. ¿Lo vieron actuar de forma distinta a cómo hace en otros de sus discursos? No, ¿verdad? ¡Ajá! Estaba ante un público distinto, con distintas expectativas, creencias, nacionalidades, intereses (esto va con mayúsculas)…y nuestro presidente no adaptó sus formas. Fue de nuevo él, el inmutable Rajoy. Rajoy I el austero.

Pues no, amigo, no. El receptor manda. Y no le hiciste caso. Sabías que te estaban oyendo los españoles y no quisiste decirnos que íbamos a tirar la casa por la ventana, aunque la inversión tuviese un retorno más que jugoso. Hablaste para nosotros, no para el COI. Toma, más austeridad. No hay que ser un lince para ver que el COI y la tacañería no son pareja estable. Lo que sí hizo bien Mariano fue optar por la seguridad de su propio idioma. Qué pena que no lo usara de otra manera.

Y también jugaron los grandullones. D. Felipe y Pau interpretaron bien sus roles. Y no añado más.

Una presentación es la brillante punta de un iceberg que flota sobre una ingente cantidad de trabajo preparatorio. Es correr 100 metros en 10 segundos… porque has estado años entrenando solo para esos 10 segundos. Y son esos 10 segundos los que te llevan a la gloria. ¿Estaba el pescado vendido? Creo que sí. Pero también creo que se podía haber doblado la opinión del comprador en el último segundo.

La estrategia (vuelvo a ser Manolete): ir a por todas. Sorprender. ¿Que ya sólo nos falta un 20% de inversión por hacer? ¡Ja! Vamos a meter el doble de lo puesto hasta ahora. Van a ser tales Juegos Olímpicos Madrid 2020 que nos rogarán que seamos la sede permanente. Que pa chulos, los madrileños.

Eso es lo que hacía falta. Y no un relaxing coffee. Cachis, lo dije…

 

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