Cómo ser buena audiencia en una conferencia

…Porque es lo que me han pedido muchos directivos. Ellos, que se entrenan para exponer en su mundo profesional, que se desviven preparando una presentación, invirtiendo horas de dedicación y derrochando tensión se preguntan “¿no hay cursos para ser buen público?”

 

Y es que, llegado el momento, allí de pie, con la pantalla a su espalda, el consejo de administración al frente, sus jefes los ignoran o incluso los menosprecian durante su puesta en escena. Atienden a sus móviles, a sus ordenadores, escriben algo, alguno habla por teléfono -tapando chisme y boca con la mano-, echándose hacia atrás, no sé si para que no los oigan o para hacerse notar; gestos displicentes con la mano de sigue sigue…; órdenes tipo “rapidito, que el tiempo se nos va”; preguntas hirientes y hasta ofensivas; caras desprovistas de expresión…

Pero eso no es lo peor. Para muchos profesionales esto no es más que pasar el mal trago frente a la inquisición. Lo ultrajante ha ocurrido ya, cuando tu jefe te pide que le mandes la presentación el día antes, “para ver si está bien”, para meter baza, para decirte lo que debes corregir, para cercenarte la creatividad y para eliminar ese efecto sorpresa que habías ideado y que ya no podrá ser.

Aprender a hacer presentaciones tiene ese obstáculo: la directiva carca del siempre se ha hecho así, esos comités de dirección que se atiborran de presentaciones de la mañana a la noche, en contra de sus propios intereses; tragándose una tras otra las exposiciones de un grupo de gente altamente preparada, que no puede lucir su trabajo por una mala visión de la utilidad de las presentaciones de sus superiores. Y el reloj va corriendo y los últimos tienen que abreviar, convirtiendo su potencialmente brillante presentación, por expreso e inconsciente deseo de los jefes, en un bodrio aburrido y veloz.

¿Y qué decir de algunos integrantes del público en general? Aquellos que visten su cara de póker o su expresión de salvapantallas, minando la voluntad del presentador, pobre, que pone todo su empeño en hacer atractiva y estimulante su intervención…y ¡zas! ahí está el malencarado de turno, que no se esfuerza lo más mínimo en agradecerle toda esa entrega al conferenciante, resultado de horas de elaboración. Pero el conferenciante se sobrepone y sigue. Luego, en privado, confiesa la realidad de esa pérfida influencia de éste o de aquél miembro del público. El mismo que luego le agradeció la ponencia. Y el conferenciante piensa “pues podrías haberme ayudado un poco con algo de simpatía en tu expresión…”

Ser buen público tiene una gran recompensa. Una buena audiencia aupará al presentador, le insuflará ánimo… y esta correspondencia contribuirá a la excelencia del momento. Fe al principio de la exposición, generosidad al final. Te será retribuida con creces.

En muchísimas empresas, los primeros en asistir a un curso de presentaciones deberían ser los de arriba, quizás no ya para saber hacerlas, sino para saber comprender su verdadero alcance y permitir así el bombazo que supone asistir a exposiciones de impacto, breves y efectivas. Reducción de tiempos, claridad de objetivos, influencia, frescura, creatividad, motivación…son sólo algunas ventajas que esto conlleva, por no hablar de la reducción de costes o el aumento de la productividad y la eficiencia.

Estoy pensando en dar un curso sobre cómo ser buen público. Hay mucho destinatario.

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